23.10.06

El presente hace la historia


El domingo 4 de junio, en Radar Libros, apareció una crítica al libro Palabra viva (Textos de escritoras y escritores desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado. Argentina 1974/1983), firmada por Rogelio Demarchi. A título exclusivamente personal, envié esta respuesta, que discute los puntos de vista principales de aquella nota. La respuesta no fue publicada.

Un artículo sobre desaparecidos que comienza diciendo: “Hubo un tiempo que fue hermoso” comienza mal. Y comienza mal porque –además de pasar por alto, o de tomarse a la ligera, que hubo treinta mil vidas segadas por las armas dictatoriales, sin contar las vidas mutiladas de los familiares de las víctimas– se rinde sin presentar batalla, porque supone que la derrota de aquel momento liquidó toda posibilidad de victoria futura. Ni aquel tiempo fue hermoso, ni lo es este, ni lo será ninguno que permita la explotación del hombre por el hombre y, por ende, la eliminación física de quienes no acuerden con esa barbarie. Ni hubo paraíso ni hay infierno: lo que hay es la lucha que llevaron adelante los compañeros desaparecidos, y la que llevan adelante ahora quienes defienden posiciones políticas enfrentadas a los explotadores y a su brazo armado.


La escritura como trabajo

Debido a su función, que incluye tareas sindicales, la SEA no debería erigirse en tribunal estético, pues, de hacerlo, estaría incurriendo en discriminaciones que, llegado el caso, hasta serían de clase, pues no puede desligarse el problema educativo del gusto por el arte y, mucho menos, de su producción. La SEA no debería sancionar con sus actitudes una discriminación clasista, pues es evidente que las personas de menores recursos económicos, por no recibir una educación adecuada, tendrán menos posibilidades de ser escritores. La política de nuestra entidad es, a mi entender, decirle no a la discriminación, luchar contra ella, combatir contra las condiciones que impiden que quien escribe, o quiere hacerlo, pueda ver coronado su esfuerzo con la publicación de sus obras, y esto le permita crecer personal y profesionalmente. La SEA nunca se dedicó a dictaminar quiénes pueden ser escritores y quiénes no, tarea más propia de un censor que de un sindicato.
Desde luego, esto no está reñido con las políticas que favorezcan el debate de cuestiones estéticas –o cualesquiera otras– al interior de la organización, políticas que está en el espíritu de la SEA promover.
Este libro no es, como propone la nota, una antología. Es una recopilación: por ese motivo están todos. Si existen cartas de amor o poemas de protesta al lado de textos de Rodolfo Walsh o Paco Urondo, será porque, en principio, la dictadura no tuvo un criterio literario para distinguir a esos militantes y, por otro lado, nosotros no quisimos suscribir la misma salida que aquella: eliminarlos. Nuestro criterio, por tanto, no podía ser el de una editorial, porque privilegiamos aquello sin lo cual nadie –ni Haroldo Conti ni un novato– sería o podría llegar a ser un escritor: la vida.


Una tarea de todos

Nuestra entidad estuvo trabajando en la confección de esta recopilación durante más de tres años. De hecho, la recopilación no está terminada. Publicamos una primera lista de escritoras y escritores desaparecidos en 2001, en un acto en el Palais de Glace en el que llamamos a todo el que tuviera noticias de otros a acercárnoslas, y también los textos que pudieran haberse reunido. Si faltan escritores –en todo caso Demarchi podría decirnos quiénes son y colaborar con nosotros en ubicar a sus familiares y conseguir textos de ellos–, creemos que es una tarea de toda la sociedad reparar esas omisiones en otra edición.
Debido a este hecho, no se entiende –o puede entenderse como malintencionada– la comparación que la nota deja flotando entre la SADE y la SEA. Y no se entiende porque no puede compararse a una organización que defiende los derechos de los escritores, que lucha contra la discriminación social en todas sus formas, que ha llevado adelante la investigación sobre sus desaparecidos y sus muertos, que ha publicado esta recopilación, que cada 24 de marzo marcha con la mayoría de la sociedad pidiendo que se juzgue y castigue a los genocidas, con otra que no ha hecho nada al respecto y que, al no hacerlo, ha demostrado con creces que su bandería política se halla en las antípodas.


Juicio y castigo

El título de la nota –“In memoriam”– no le hace justicia al libro, pues no se trata de recordar para no hacer nada más que eso –es decir, la memoria como una forma de olvido–, sino de ofrecer una alternativa a quien quiera luchar para que no vuelva a suceder más. La continuidad de la lucha de nuestros compañeros desaparecidos es lo que les da sentido ahora, lo que escribe su muerte como una parte de nuestra vida, lo que vuelve historia el presente. Por ese motivo, la divisoria de aguas que reclama Demarchi –y que su nota no plantea en ningún sitio– se halla en el prólogo de la SEA –cuyos conceptos se omiten en la nota–, que reivindica a esos escritores desaparecidos en función de su militancia política, denuncia que pasan los gobiernos y los asesinos siguen libres, y reclama juicio y castigo –no museos– a todos los responsables intelectuales y materiales de las desapariciones y los asesinatos de los compañeros. Sin ese señalamiento, es lógico que se piense que aquel fue un tiempo hermoso –¿quizás en contraposición con este?– y que aquellas discusiones versaban sobre literatura, y no sobre revolución. Si no se pudo llegar a las definiciones que la nota reclama fue por las razones de todos conocidas: que la dictadura tomó el poder, destruyó las organizaciones de los explotados y asesinó a muchos de sus militantes. Y en estos casos, la única definición posible –sobre la cual la SEA sí responde– es decir sin ambigüedades de qué lado de la vereda estamos.

3 Comments:

Blogger nat said...

estoy todísima de acuerdo con lo que decís en la nota.
es necesario descreer de todo lo que empiece con una cita de sui generis: descreer de todo el que diga que hubo un tiempo que fue hermoso, de una nostalgia conformista y paralizante, de una selección del pasado arbitraria y malintencionada.
gracias, edu.
salud

pd tus comentarios son poe-mentarios!

6:06 p. m.  
Anonymous Coto said...

Totalmente de acuerdo con vos.

7:34 p. m.  
Blogger diario de una poeta mala said...

hola mileo!
sos seriote eh?
vamos a darle gas a toda esta movida SEA que esta bien buena

1:19 p. m.  

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